Covid 19, enemigo entre nosotros.

La COVID-19​ (acrónimo del inglés coronavirus disease 2019),​ también conocida como enfermedad por coronavirus​ o, incorrectamente, como neumonía por coronavirus,​ es una enfermedad infecciosa causada por el virus SARS-CoV-2.​ Se detectó por primera vez en la ciudad de Wuhan, China, en diciembre de 2019.​ Habiendo llegado a más de 100 territorios, el 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud la declaró pandemia.​

Produce síntomas similares a los de la gripe, entre los que se incluyen fiebre, tos seca, disnea, mialgia y fatiga.​ En casos graves se caracteriza por producir neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda,​ sepsis y choque séptico que conduce a cerca de 3,75 % de los infectados a la muerte según la OMS.​ No existe tratamiento específico; las medidas terapéuticas principales consisten en aliviar los síntomas y mantener las funciones vitales.

La transmisión del SARS-CoV-2 se produce mediante pequeñas gotas —microgotas de Flügge que se emiten al hablar, estornudar, toser o espirar, que al ser despedidas por un portador (que puede no tener síntomas de la enfermedad o estar incubándola)​ pasan directamente a otra persona mediante la inhalación, o quedan sobre los objetos y superficies que rodean al emisor, y luego, a través de las manos, que lo recogen del ambiente contaminado, toman contacto con las membranas mucosas orales, nasales y oculares, al tocarse la boca, la nariz o los ojos.​ Esta última es la principal vía de propagación, ya que el virus puede permanecer viable hasta por días en los fómites (cualquier objeto carente de vida, o sustancia, que si se contamina con algún patógeno es capaz de transferirlo de un individuo a otro).

Los síntomas aparecen entre dos y catorce días, con un promedio de cinco días, después de la exposición al virus.​ Existe evidencia limitada que sugiere que el virus podría transmitirse uno o dos días antes de que se tengan síntomas, ya que la viremia alcanza un pico al final del período de incubación. ​El contagio se puede prevenir con el lavado de manos frecuente, o en su defecto la desinfección de las mismas con alcohol en gel, cubriendo la boca al toser o estornudar, ya sea con la sangradura (parte hundida del brazo opuesta al codo) o con un pañuelo y evitando el contacto cercano con otras personas,​ entre otras medidas profilácticas, como el uso de mascarillas. La OMS desaconsejaba en marzo la utilización de máscara quirúrgica por la población sana,​ en abril la OMS consideró que era una medida aceptable en algunos países. ​No obstante, ciertos expertos recomiendan el uso de máscaras quirúrgicas basadas en estudios sobre la Influenza H1N1, donde muestran que podrían ayudar a reducir la exposición al virus.​ Los CDC recomiendan el uso de mascarillas de tela, no médicas.

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